La primera sorpresa con el curso de la Escuela de Verano en Género y Economía me la llevé incluso antes de que comenzaran las sesiones. La invitación me llegó por casualidad y apliqué porque me pareció una apuesta académica interesante, pero la veía con escepticismo: me preguntaba si reunirían la cantidad mínima de personas para que lo ofertaran. Luego de un par semanas, estaba yo viendo con asombro en la página web de la Universidad que 104 personas de diferentes regiones del país eran candidatas a obtener uno de los 25 cupos del curso. Así, se contaban por cientos quienes, desde diferentes escenarios, compartíamos una visión de la economía en la que las mujeres importábamos.

Al iniciar el curso, la profesora María Floro nos dio la primera gran lección: la economía feminista no es un “campo” o “área de estudio”, es una forma de estar en el mundo; implica hacerse preguntas que la economía ortodoxa no considera; elegir el bienestar antes que el crecimiento; la sostenibilidad sobre la productividad; la inclusión por encima de la selectividad. En las clases y fuera de ellas comentábamos que llevamos años “haciendo” economía feminista sin saberlo; todas 1  teníamos algo en común: la heterodoxia manifestada en los temas, las metodologías, las preguntas, etc. Al terminar las sesiones nos declaramos, orgullosamente, economistas feministas.

Enfrenté muchos desafíos al regresar a trabajar y responder sobre el curso. Mis compañeros se sorprendieron cuando hablé de las sesiones que tuvimos sobre Equilibrio General Computable, los robustos modelos macroeconómicos de medición del cuidado y los aportes a la teoría microeconómica de la teoría beckeriana de la toma de decisiones en los hogares; ellos, como tantos otros en la llamada “economía pura”, consideraban que la economía feminista era sólo una crítica –poco rigurosa– al mainstream.

De un lado, esa situación llevó a preguntarme –como muchas lo hicieron durante el curso– ¿Dónde están las economistas en Colombia?, ¿Por qué la percepción de que las economistas no hacemos buena economía? De otro lado, por esos días se publicó la lista de los economistas colombianos con mayor cantidad de citaciones de acuerdo con el Índice de investigación en economía (REPEC), en el que, por primera vez, el economista colombiano más citado fue una mujer, la profesora Marcela Eslava de la Universidad de los Andes.

En el listado de los 20 autores más citados, hay cuatro mujeres más, las profesoras Mariana Blanco de la Universidad del Rosario, Raquel Bernal y Adriana Camacho de la Universidad de los Andes, y Sandra Polanía-Reyes del Keough School of Global Affairs. Una búsqueda en Google Académico arroja los siguientes resultados sobre las investigaciones de las profesoras.

Estas autoras, así como muchas otras mujeres, están cambiando la forma en que entendemos temas como la política social, el cuidado de la primera infancia, los efectos de la informalidad, la construcción de confianza, la macroeconomía, entre otros.

Desconozco si estas cinco mujeres se consideran economistas feministas, lo que sí sé es que ellas, y las 25 participantes en conjunto con nuestras apasionadas profesoras de la Escuela de Verano, debemos ser un modelo para una nueva generación de economistas. Está en nuestras manos transmitir todo lo aprendido, desafiar los estereotipos sobre las mujeres en la economía y aportar en la construcción de una economía con mirada de género.

Para concluir, quiero referirme a la cita que aparece en el título de esta entrada, que tomé prestada de Julio Cortázar y su “Rayuela”. En nuestro ejercicio profesional, todas estábamos recorriendo, sin saberlo, el camino que nos conduciría a encontrarnos; al recibir la llamada de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana, ese camino se nos iluminó, no sabíamos que nos estábamos buscando, ¡qué fortuna habernos encontrado!

 

Publicado por

Suelen Emilia Castiblanco

Profesora en la Universidad de la Salle

 

***Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de la Pontificia Universidad Javeriana ni a sus patrocinadores.